Estaregui se venga de los mangantes desde el cine

‘JUSTI&CIA’ / Ignacio Estaregui firma una película ‘de urgencia’, un trabajo hecho desde la ‘resistencia’, en el que presenta la realidad de la corrupción en la España de hoy. Último rodaje del tristemente desaparecido Álex Angulo, el filme está protagonizado por éste y por un poderoso Hovik Keuchkerian.

Ignacio Estaregui trabajaba en una productora audiovisual en Zaragoza. La crisis y, en sus propias palabras, “la mala gestión de la empresa” hicieron que los trabajadores terminaran despedidos. Entonces pensó que era “entonces o nunca”. Cogió el dinero de la indemnización, unos ahorritos que hizo participando en un concurso en televisión, pidió ayuda a familia y amigos y se lanzó al rodaje deJusti&Cia, una película hecha ‘como manda la ley’, con la Seguridad Social de cada trabajador pagada al céntimo, lo mismo que todos los salarios. Por cierto que algunos de los miembros del equipo son sus ex compañeros con él despedidos.

Cinco meses después de quedarse sin trabajo tenía un guion, el de esta película, una apuesta laboral y profesional para Estaregui, para quien también ha sido un ejercicio bastante terapéutico, que espera que ejerza parecido efecto en los espectadores. Al fin y al cabo, en esta España desbocada, de chorizos y mangantes que han dejado en los huesos a la mayoría de los ciudadanos, ver cómo un par de hombres normales –muy cabreados, eso sí- reparte un poco de ‘justicia’ es un gesto que se agradece bastante. Muchas de las cosas que uno piensa, pero que no haría nunca, ahora puede verlas en el cine. Y eso, por lo menos un poco, tranquiliza.

 

Entre la comedia negra, el drama y el cine social

Justi&Cia es una historia de amistad, pero también de supervivencia y de búsqueda de justicia. Justino, un minero que se ha quedado en el paro y que, además, perdió a su hermano y a su padre en el pozo donde trabajaban, está cansado de ver cada día en los informativos el nuevo caso de corrupción de los empresarios y de los políticos españoles (¿les suena?). Así que decide convertirse en justiciero social. Por el camino se encuentra con Ramón, un jubilado que, a falta de algo mejor que hacer, se lanza con él a la aventura. Son una especie de Quijote y Sancho de este país depravado, al que le hace falta un poco de honradez y juego limpio.

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